Era tiempo

de que hiciéramos caso

a las cartas de nuestro amigo poeta

que nos

alertaban de su necesidad de abrir

este espacio

y diéramos curso al emprendimiento,

aunque como todos saben,

en realidad fue el magnánimo Béla Lugosi

quien nos prestó unas habitaciones

de su castillo en Transilvania

donde pudimos asentar nuestra imprenta,

a él, Espiral Calipso Agradecida.

No nos queremos olvidar tampoco

de la colaboración de

los Hermanos Karamazov,

del "Disco de tu corazón",

del perrito de la dama

que cagó todo el cuento,

de las espirales

que nos dan vida en cada vuelta,

de los dados

que mataron

al jugador compulsivo,

de las mediocres cartas amorosas del señor Mim,

de la mariposa roja y sus vericuetos

y de todas las hormigas

de la selva misionera.

A todos bienvenidos...

Era tiempo de zarpar

y atravesar el espejo,

era tiempo de juntar nuestros arpones

y lanzarnos

a la aventura

en espiral.

 

Maia Morosano

Era tiempo,

sobre todo,

de volver a empezar y de jugársela,  

que en la próxima vuelta está  la vida,

que en el próximo giro la fortuna.

Era tiempo de estar tiempo de estar tiempo

de estar,

de saltar al abismo al arrebato.

Y había que salir a “mendigar fervor”,

había que salir, y no valía un silencio pequeño,

era el silencio todo…

y no valía decir de a poquito

porque era todo o nada.

Así fue que caímos en el vértigo

mientras bailábamos a la luna

y decíamos la hoguera

la hoguera la hoguera

el mar el río,

y nosotras quemábamos todo la tierra

la casa esta ciudad… Todo lo quemábamos

y lo metíamos en botellitas

y lo hacíamos viajar lejos…

Lejos, y nosotras amábamos y odiábamos

como locas,

y queríamos acción y espectáculo y noche

y noche y noche y muchos colores revueltos,

y muchos dados

y muchas cartas,

y giramos… giramos… y seguimos girando,

y ahora estamos acá,

latiendo a full,

sabiendo qué es ganar y qué es perder,

estando, peleando gritándole a la palabra

que nos libre del mal

o nos acabe.

 

Rocío Muñoz